La Revolución Industrial
El blog de Pepino
El blog de Pepino
25 may
Como cada año, la romería de El Rocío ha terminado a hostias. Los fieles, hasta arriba de fervor religioso y de rebujitos, se han liado a mamporros. Un espectáculo dantesco de violencia desbordada que, cualquier día de estos, se cobrará alguna vida en la más pura tradición de las estampidas que se producen en La Meca. Como un rebaño de ñús atravesando el río Mara, los machos almonteños no dudan a la hora de utilizar codos, rodillas y puños para alcanzar el éxtasis, es decir, poner los dedos en la Virgen Blanca. Eso que a mí puede parecerme una gilipollez de las gordas, tocar una estatua, para otras personas es una forma de vida: “esto es con lo que nos han criado desde chicos, lo que esperamos todo el año”, susurra un energúmeno con la camisa hecha jirones.
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Sobre el final de Lost:
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Un final de “Perdidos” considerado “decepcionante y desconcertante”. Para mí, el final que merece una serie que apuntó muy alto en los primeros capítulos, y que se fue diluyendo a medida que las tramas se hacían más confusas, enrevesadas e inverosímiles. Un producto elevado a los altares de la televisión gracias al marketing.
Más en El Descodificador. La primera parte, sobre el Rocío, de lo mejor que le he leído a Albéniz.
24 may
Lo primero, si no has visto el final de la serie no sigas leyendo. Lo segundo, tengo que reconocer que la serie hasta el final de la quinta temporada me gustó, sobre todo las tres primeras. La sexta, y más concretamente el final, no. Y es un buen episodio, muy sentimental, bien rodado, excelentes actores, una música extraordinaria… pero, como persona que se ha tragado todos los episodios (dos veces), me siento estafado. Y os voy a decir por qué.

Mi teoría sobre el final de Lost (me resisto a llamarla Perdidos) es que Cuse y Lindelof se han reído de los seguidores de la serie, lo que pasa es que ellos, los fanáticos, no lo saben, como los losties no sabían que estaban muertos en la realidad paralela de la sexta temporada. Por eso les ha fascinado tanto. El desenlace final de la serie es una completa tomadura de pelo. A ver, para La Casa de la Pradera sería un final perfecto, pero para una serie que se supone de ciencia ficción, pues no.
Osos polares, viajes en el tiempo, botones del fin del mundo, niños con poderes… Tonterías. Al final resulta que no, que sólo es una historia sobre la amistad, el no morir solos, el “cielo” y no sé cuantas gilipolleces más.
Sin duda, acabamos de asistir a un caso extremo de eso a lo que llaman industria audiovisual. O lo que es lo mismo: money. Se han inflado a ganar pasta, eso sí, a costa de unos pobres telespectadores (entre los que me incluyo), que veían la serie semana tras semana intentado encajar piezas de un puzle que no tiene ningún tipo de trascendencia en el final de la serie.
Nos han engañado, estafado, timado. Todo ha sido un cebo. La cosa funcionaba y se dejaron llevar. El cebo se hizo tan grande y complejo que ni ellos mismos sabían lo que se traían entre manos. Y lo terminaron de la manera más simple. Total, a los freaks les va a encantar.
17 ene
Nunca me ha gustado mucho José Mota, pero tengo que reconocer que este sketch me ha hecho mucha gracia.
Vía | Menéame
15 ene
Dice José Ignacio Munilla que “existen males mayores” que la tragedia de Haití, que “deberíamos llorar por nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de la vida”. Fíjese usted por dónde, señor obispo, que tengo que darle toda la razón. Pero no desde un punto de vista espiritual (el tema de dios no me interesa) sino desde un punto de vista social y humano. Nos escandalizamos mucho cuando ocurre una catástrofe de este calibre y nos movilizamos. Nos preocupamos de lo que pasa en el mundo. Nos afecta. Al fin y al cabo un muerto es un muerto, aquí o en Haití, ¿verdad?
Pues no. Haití es ahora noticia, pero no durará mucho. En unas pocas semanas nadie se acordará de las personas que murieron allí, al igual que ya nadie se acuerda de Indonesia o de Bhopal. Somos así. Va con nosotros, en nuestra naturaleza. Mientras no toquen a los nuestros seguiremos siendo felices. Porque para que nosotros vivamos bien, otros deben pasar necesidades. Somos hipócritas, somos una mierda de sociedad. Y yo, el primero.
9 dic
En Periodista Digital se han sacado una noticia del tratamiento que le dan desde Público.es a la noticia de la paliza a Herman Tertsch. Según ellos, califica a los lectores de Público. “Respiran brutalidad”, dicen. En fin, que no se puede tener la cara más dura.