Bueno, ya ha terminado el curso que estaba haciendo. Os contaré las cosas que he aprendido:
1.- Las normas de seguridad en plantas químicas y petroleras sirven para limpiarse el culo con ellas. Al final los que deciden y tienen todas las competencias en el lugar donde se va a construir una nueva planta son los Ayuntamientos, los cuales palabras textuales del ponente: “se saltan las normas y les dejan acercar más las plantas químicas a las ciudades a cambio de favores, por ejemplo, un paseo marítimo nuevo para el pueblo cortesía del empresario de turno“.
2.- Ésta es muy interesante. Pregunta: “¿Qué vida vale más, la de un trabajador de Indonesia o la de un trabajador de aquí?“. Respuesta: “Es evidente, la del de aquí, porque si ocurre algún accidente grave y muere el de Indonesia a todo el mundo le da igual. Lo tenemos asumido, mientras que si ocurre aquí no. Los medios de comunicación se te echan encima enseguida si se te muere un español en un accidente industrial“. Moraleja: los de por ahí no son personas y merecen morir. Si tienes pensado montar una refinería vete a la India que no tienes que gastar un duro en seguridad, si muere alguien no pasa nada. En cambio aquí hay que gastarse una fortuna.
3.- “¿Cuánto vale la seguridad en el trabajo?” Respuesta: “infinito“. Yo pensaba exactamente eso porque supongo que la vida de una persona tiene un valor incalculable, pero no, no era por eso. Lo que cuesta infinito es el dinero que te gastas en sistemas de seguridad, porque aunque inviertas todo el dinero del mundo, nunca vas a acabar con los riesgos. Cuanto menos gastes casi que mejor, no te vayan a llamar derrochador.
Bueno, pues como ya he aprendido cosas nuevas, me voy a dormir.
Ufff, si yo te contara sobre seguridad laboral (o ausencia de ella) en la industria química …
Lo peor es que con el tiempo, hasta te acostumbras.