Los dos grandes suben en votos y escaños hasta casi rozar el bipartidismo. Zapatero gana, aunque según Fedeguico, gracias al voto radical de Esquerra y de IU. Y tiene razón. Se nos ha vendido la caída en picado de Esquerra, cosa evidente, pero la realidad es que han vuelto a lo que siempre habían sido. Lo que no era normal eran los ocho diputados que consiguieron después de que el amigo Aznar nos gobernara. Ahora han vuelto a su lugar natural. Tal vez ese voto radical que ha pasado al PSC, al fin y al cabo no sea tan radical. A lo mejor simplemente se trata de personas que apoyaron a Carod y compañía descontentos con la gestión aznariense y que después de pasado un tiempo se han dado cuenta que fue un error.

Lo de Izquierda Unida es otra historia. Me dan un poco de pena. No es justo que el voto de casi un millón de españoles sólo se vea recompensado con dos escaños y que al que tiene menos de 800.000 sufragios le den once. Y es que claro, una cosa lleva a la otra. Los votantes ven que su apoyo no sirve para nada y deciden cambiarlo, lo que hace que la Ley Electoral actual se convierta en doblemente injusta. La pescadilla que se muerde la cola. Lo que no quita que IU necesita una urgente renovación y modernización. Esa ambigüedad con la que responden cuando se les pregunta sobre Cuba indica que aún viven en el pasado.

Algunos dicen que gracias a estas elecciones vamos a perder de vista el nacionalismo radical. No es cierto. Hay un partido nacionalista que ha ontenido 153 escaños, el PP. Espero que nadie se ofenda con esto, ya que incluso la RAE define el nacionalismo como “apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece”. El nacionalismo español existe, ha estado y va a estar muy presente en nuestras instituciones. Intentar imponer cultura o costumbres a la fuerza es un error. Por eso todos los nacionalismos me parecen iguales, todos malos. Yo ya sé que soy español, pero no necesito proclamarlo a los cuatro vientos ni darle en los morros a nadie con mi nacionalidad. Y hay vascos, catalanes, gallegos o españoles que lo hacen contínuamente.

Pero a lo que iba. El voto radical. Esta tabla muestra la evolución del PP y del PSOE en los últimos doce años, es decir, en las cuatro últimas elecciones generales.

AÑO PARTICIPACIÓN (%) PP PSOE
1996 77,38 9.716.006 9.425.678
2000 68,71 10.321.178 7.918.752
2004 75,66 9.763.144 11.026.163
2008 75,32 10.169.973 11.064.524
  TOTAL 39.970.301 39.435.117

Que de cuarenta millones de votos que suma prácticamente cada uno haya solamente una diferencia de medio millón (menos de un 2%) indica en principio la igualdad a la que nos hemos enfrentado durante todos estos años. Pero es una igualdad con matices. Si nos dirigiéramos a un experto en estadística y pronósticos lo tendría demasiado fácil con los datos del PP. Es una media prácticamente perfecta y no necesitaría un método demasiado complicado de predicción para contestarnos. De hecho me he permitido calcular la desviación típica de los datos y el resultado es bien claro: el intervalo en el que se mueven los populares es de diez millones de media ±300.000 mientras que el rango de los socialistas es casi idéntico en media pero con un error de ±1.500.000 votos, cinco veces superior. Una regularidad que asusta. Y no sólo eso. Elorriaga tenía razón. La participación alta les hunde, mientras que la participación más baja de los últimos años les dio una mayoría absoluta aplastante.

O sea, que Mariano no ha engañado a nadie nuevo, pero tampoco ha perdido lo que ya tenía. Diez millones de personas que votan siempre lo mismo, haga frío o haga calor, llueva o salga el sol. Pero esto no es voto radical.

P.D. Del pueblo también hay cosas que decir. Próximamente.