Ya he visto la última película/documental de Michael Moore: Sicko. Tengo que decir que me gustó bastante. Probablemente más que Bowling for Columbine, e incluso que Roger y yo. Es cierto que Moore es un gordo cabrón cuya único fin es ridiculizar y hundir cualquier cosa que huela a republicano. Aunque también es cierto que le mete algunos palos a Hillary. Parece que la señora de Clinton intentó socializar la sanidad, y que algunas empresas médicas privadas talonario en mano (de Hillary) lo impidieron.
Y es que después de todo Michael Moore no nos enseña nada nuevo en este film. Es lo de siempre: la cultura del miedo. Es alucinante ver un LP (un vinilo de la época) de Ronald Reagan con un discurso en el que proclama a sus compatriotas que una cobertura médica universal y gratuita es cosa poco menos que de rojos. Y que es sólo el principio hacia la búsqueda de un régimen comunista al más puro estilo URSS (todavía en plena Guerra Fría).
Uno, cuando se hace una imagen mental de Estados Unidos, siempre ve esas fastuosas casas de barrio residencial periférico, con esos enormes todoterrenos, y con esa familia feliz llena de hijos y uno o dos perros. Pero la realidad es muy diferente. Es cierto que esa imagen idílica se puede ver en muchísimos hogares norteamericanos, pero no es oro todo lo que reluce. Hay grandes, demasiadas diferencias entre ricos y pobres (que por cierto es un índice del subdesarrollo), y uno es más pobre a medida que otro es más rico. En el caso de Sicko estas diferencias ven la luz en un tema tan básico como la salud. Porque el que no puede pagarse un médico se muere.
Es muy triste ver como en la primera potencia mundial, una niña de dos años fallece porque no está en el hospital que su seguro privado le tiene concertado, negándose a atenderla, y remitiéndola a otro lugar; o cómo una familia de clase media se hunde cuando el marido sufre tres infartos seguidos, a su mujer se le reproduce un cáncer, y lo pierden todo para poder pagar los tratamientos de sus enfermedades. Además, Moore compara el sistema sanitario estadounidense (privado) con la sanidad canadiense, francesa, inglesa e incluso cubana, más o menos todos muy parecidos a nuestra Seguridad Social. La diferencia es abismal.
Puedo entender perfectamente que a este tipo se le quiera y odie en su país a partes iguales. Si hasta esos sentimientos hacia él se reproducen en España. A mí no me cae mal, y en cambio para la red liberal es un embustero manipulador. Y no es ni una cosa ni la otra. Sólo es un tipo que que tiene un don, y que lo que hace, te guste o no, lo hace muy bien.
P.D. En España ya hay algunos indicios sobre el deseo de algunos políticos de privatizar la sanidad. Una empresa privada, aunque esté al frente de la gestión de un hospital y financiada con dinero público, no deja de ser una entidad privada, que como tal tiene como único fin la búsqueda del beneficio máximo. Y lo demás les sobra. Como no tengamos eso claro, nos van a joder pero bien.






