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Música cara

Aquí un par de chavales a los que estoy enseñando a tocar la guitarra. No lo hacen mal, clase desde luego les sobra.

Dedicado al inventor del término música cara, el mismo que un día corrió por las calles de Madrid detrás del coche de Mark Knopfler como una fan histérica (yo también lo habría hecho).

Stairway to Heaven

Una versión preciosa de la conocidísima canción, by Rodrigo y Gabriela.

Avantasia: The Scarecrow

Hace poco que ha salido la tercera entrega de la saga Avantasia, la opera rock del maestro Tobias Sammet. He escuchado el disco un poco por encima, y sobre todo me ha llamado la atención la canción que da nombre al disco, The Scarecrow, de la que tengo que reconocer que el final que se marca Jorn Lande pone los pelos de punta. Pero vamos, que aún así no creo que alcance el nivel exhibido por Tobi y sus amigos en The Metal Opera. Lo que viene ahora se llama Lost in space, y es el primer videoclip de este proyecto que ve la luz desde el 2001.

Sangre Azul

Que no es la sangre que corre por las venas del Rey. Estamos hablando de la que para mí sea posiblemente la mejor banda de hard rock española que ha existido. Me entero por rafabasa.com que se va a lanzar un triple CD con todos sus trabajos, o sea, tres discos de estudio más algunos extras entre canciones inéditas y actuaciones en radio y televisión. Yo en principio no creo que lo compre, más que nada porque cuando hace unos años se reeditaron los tres álbunes en CD ya hice el gasto.

Que nadie se ría viendo las pintas de estos tíos, hay que pensar que era lo que se llevaba. Os dejo con Todo mi mundo eres tú.

Acojona tronco, acojona

Éste es un spot de televisión que llegó a emitirse realmente. Más jevi que los condones de los Manowar.

Pérez-Reverte y los heavies

Su última patente de corso, Corsés góticos y cascos de walkiria. Lo mejor, lo de Virgin Steele (qué buenos son, joder).

No soy muy aficionado a la música, excepto cuando una canción –copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz– cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. Salvo algunas excepciones, tales composiciones y letras me parecieron siempre ruido marginal y ganas de dar por saco, con toda esa parafernalia porculizante de Satán, churris, motos y puta sociedad. Incluidas, cuando se metían en jardines ideológicos, demagogia de extrema izquierda y subnormalidad profunda de extrema derecha. Etcétera.

Sin embargo, una cosa diré en mi descargo. De toda la vida me cayeron mejor esos cenutrios largando escupitajos sobre todo cristo que los triunfitos relamidos, clónicos y saltarines, tan rubios, morenos, rizados y relucientes ellos, tan chochidesnatadas ellas, con sus megapijerías, sus exclusivas de tomate y papel cuché, y toda esa chorrez envasada en plástico y al vacío. Al menos, concluí siempre, los metaleros tienen rabia y tienen huevos, y aunque a veces tengan la pinza suelta y hecha un carajal, éste suele ser de cosas, ideas, fe o cólera que les dan la brasa y los remueven, y no de cuántas plazas será el garaje de la casa que comprarán en Miami cuando triunfen y puedan decir vacuas gilipolleces en la tele como Ricky, como Paulina, como Enrique.

Pero de lo que quiero hablarles hoy es de música metal. Ocurre que en los últimos tiempos –a la vejez, viruelas– he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto. Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas. Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Térmópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología –Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano– es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia. Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El señor de los anillos hasta La isla del tesoro o El cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el Grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia –que sólo ellos entienden, los jodíos– mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude –La cruz de Santiago– al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla. Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé –lamento no haberlo sabido antes– que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega. El grupo riojano Tierra santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma.

La canción del pirata, de uno de los muchos grupos jevis que me produce vergüenza ajena y escalofríos el sólo escuchar su nombre: Tierra Santa. Que no quita que lo que Arturo dice al final sea cierto.

Survivor – I can’t hold back

Canela en rama.

Txus

Wishmaster

Hablando de Nightwish, aquí viene un clásico. Personalmente encuentro este vídeo bastante gracioso. Podéis comparar con la letra original.

Luciano Pavarotti – Nessun Dorma

Anoche falleció Luciano Pavarotti. Nadie hacía Nessun Dorma como él.

Ni siquiera el vendedor de teléfonos móviles, que por muchas visitas que tenga en YouTube, no deja de ser un pringao.

Descanse en paz, maestro.